Inmortal Carlos Fuentes

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Carlos Fuentes

Anoche, a las 21 h (hora de España) me enteré de la noticia que había muerto Carlos Fuentes, fue como un rumor muy lejano, ya que no estaba prestando una gran atención a la televisión, mientras entraba y salía de la cocina hacia el salón. La presentadora del Telediario dio la noticia entre crisis económicas, peleas entre políticos y bombardeos de población civil, lo de cada día, pero había una noticia que no era la de cada día, que no estaba prevista, que me hizo sentar en el sillón, preguntándome si esa noticia era cierta, si había escuchado bien: “Carlos Fuentes ha muerto hoy en México DF, a causa de problemas respiratorios”.

Cuando quise darme cuenta ya estaban hablando de los desvaríos caóticos que está sufriendo Grecia. Tuve que recurrir a las redes sociales, en efecto, en un segundo pude corroborar la noticia. Mi primer sentimiento fue de incredulidad, el segundo de desasosiego, el tercero de consciencia de una pérdida. Sigue leyendo

Reseña de El vals de la soledad en Palabras Malditas

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El vals de la soledad

Se ha publicado una reseña en la revista digital literaria mexicana Palabras Malditas de la novela de David Casado Aguilera El vals de la soledad.

Esta reseña está escrita por Jose Carlos García Rivera.

David Casado Aguilera es colaborador habitual de Palabras Malditas, donde participa en la sección Infierno con Confesionario de un ateo, en la que estáis invitados a pasar y leer algunos de sus relatos.

Os dejamos con el inicio de la reseña publicada en este mes de mayo en la revista literaria Palabras Malditas Sigue leyendo

La enfermedad obsesiva de la iglesia católica

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No es un tema nuevo, desgraciadamente saltan a la luz pública cada dos por tres los exabruptos verbales, las frustraciones anímicas o la debilidades mentales de algún alto cargo de la iglesia cargando contra los homosexuales. La última, que yo sepa, porque la iglesia, sus miembros más distinguidos, los que se apropian del discurso general, cada vez que hablan tienen la asombrosa habilidad de no dejar a nadie indiferente, esa habilidad sí tienen. El caso que me ocupa fue protagonizado por parte del Obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, en la misa de Viernes Santo, ofrecida por el segundo canal de la televisión pública española; mi turbación al ver dónde van nuestros impuestos en lo referente a la televisión pública, pero ese debate tocará otro día, hoy lo dedicamos a las mentes brillantes, integradoras, solidarias y caritativas que forman la iglesia católica, en este caso española.

Pues bien, el señor obispo de Alcalá de Henares, en la misa del viernes Santo, soltó sin ningún reparo ni rubor, perlas como las siguientes: “Quisiera decir una palabra a aquellas personas que hoy, llevados por tantas ideologías, acaban por no orientar bien lo que es la sexualidad humana, piensan ya desde niños que tienen atracción hacia las parejas del mismo sexo”, dijo. “Y a veces para comprobarlo se corrompen y se prostituyen. O van a clubes de hombres. Os aseguro que encuentran el infierno”, proclamó. También lindezas como que la homosexualidad es una enfermedad, o que los homosexuales son degenerados. Esas palabras no han sido matizadas, ni mucho menos condenadas por la Conferencia Episcopal, sino alentadas y apoyadas. Sigue leyendo

Promoción Sant Jordi

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Como cada 23 de abril, se celebra en Catalunya, la diada de Sant Jordi. En la que la tradición dice que las chicas han de regalar un libro a los chicos, y éstos una rosa a sus parejas.

El 23 de abril es además el día del libro, ya que se conmemora el día de la muerte de William Shakespeare y el entierro de Miguel de Cervantes.

Si hay una ciudad en la que el libro toma sus calles y se convierte en un referente popular es Barcelona, especialmente Las Ramblas y sus calles aledañas. En esas arterias urbanas, las principales librerías y muchos escritores, salen a las calles para promocionar, vender, charlar y autografiar sus libros. Es una jornada festiva y sobre todo popular, en la que el libro toma un papel protagonista. Sigue leyendo

Relato: La casa abandonada

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LA CASA ABANDONADA
Manuel estaba radiante de felicidad, por fin había llegado el día que había estado esperando todo el año: el inicio de las colonias. Ese día también significaba que había acabado el curso y, otro motivo para sentir ese cosquilleo en el estómago, era que Ingrid, la chica que le tenía robado el corazón, tan sólo iba sentada dos filas más adelante en el autocar que les llevaba hasta la casa de colonias. Hasta la libertad pensaba un sonriente Manuel, que miraba por la ventana distraídamente el paisaje montañoso que estaban atravesando. Todos sus amigos estaban inquietos, ocupaban la parte trasera del autocar, lejos de los profesores que estaban sentados delante, con los empollones. El jolgorio empezó nada más subirse al autocar y que éste arrancara, dejando atrás el colegio, la ciudad y las obligaciones.

Ese era el primera año que iban a esa casa de colonias, los años anteriores habían ido a otra, al sur del país, pero era demasiado vieja y varios alumnos se habían quejado a los padres, y éstos a la dirección del colegio, que había decidido cambiar el emplazamiento de las colonias, teniendo en cuenta que era un colegio privado y cada mensualidad les costaba un dineral a los padres.

La casa de colonias se encontraba entre montañas, bastante al norte de la ciudad donde vivían. El emplazamiento era hermoso pensó Manuel nada más bajarse del autocar y respirar profundamente el aire fresco de las montañas, pero no tuvo mucho tiempo de admirar el paisaje, había que correr para escoger los mejores lugares para dormir, ya que todos querían las literas de arriba. Los profesores los detuvieron y les invitaron a permanecer todos juntos delante de la casa, para hacerse una foto de grupo. Cada uno de los amigos de Manuel, y él mismo, pusieron sus peores caras en esa foto, gestos obscenos con los dedos, lenguas fuera, alguno con los pelos alborotados y todos con prisas para poder entrar en las habitaciones. Corrieron. La casa era muy grande, mucho más que la casa a la que habían ido otros años. Sigue leyendo

Reseña de El grito del Silencio

El escritor valenciano (de Gandía) Jose Ferrandis Peiro ha publicado una reseña sobre la primera novela de David Casado Aguilera “El grito del silencio” que queremos compartir con todos vosotros.

El grito del silencio. David Casado Aguilera. Reseña

Muchas novelas no gustan. Algunas están bien. Otras son muy buenas. Y casi ninguna emociona y cautiva. Pues bien, para mi fortuna, os presento una que corresponde al selecto último caso de los mencionados. Pese a no ser un autor conocido por las masas de lectores de este país, David Casado Aguilera ha entrado, por méritos propios, en la lista de mis autores favoritos (y ya espero poder leer próximamente su otra novela, “El vals de la soledad”).
“El grito del silencio” describe con gran precisión y detalle los sucesos acaecidos en el México pre-Olímpico del verano de 1968. Se trata de una dramática historia real pero poco conocida que fue silenciada y casi-negada por el gobierno mexicano, que ni condenó ni pidió disculpas por tan despreciables acontecimientos. Precisamente, la novela está dedicada “a la memoria de todos los que cayeron durante los acontecimientos del 68 mexicano”, sobre todo en la matanza del dos de octubre en Tlatelolco.
Sobre el libro de David conviene resaltar varios aspectos que me han llamado mucho la atención. En primer lugar, el léxico y la “jerga” utilizada por su autor en la narración de la historia y, sobre todo, en los diálogos entre los protagonistas. Sin duda, la ayuda de su mujer, mexicana, tiene mucho que ver en este sentido. Este aspecto nos mete de lleno en la acción, haciéndonosla más cercana y verdadera si cabe.

Relato: Conversaciones

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El anciano camina por la calle con cierto aire distraído, como si no tuviera ningún lugar al que ir y simplemente deambulara por el mundo, sin ningún propósito. Ha comprado el periódico en un quiosco que ha pagado con la chatarra que llevaba en los bolsillos, ni siquiera ha leído por encima los titulares, como si ya supiera lo que éstos dicen. Se acomoda el periódico doblado bajo el brazo y gira en la siguiente esquina, abandonando la calle principal para entrar en un callejón que se va estrechando y oscureciendo a medida que avanza. La noche está cayendo sobre la ciudad, el anciano parece sentirse mucho más incómodo bajo las luces artificiales de las farolas que en el discurrir diurno. Al final del callejón hay un bar bajo un letrero luminoso que ha dejado de ser luminoso para ser un recuerdo de lo que fue. El anciano abre la puerta y traspasa el umbral del local. En el interior no hay mucha actividad, está prácticamente en la oscuridad, el camarero limpiando unos vasos con pose de aburrimiento, dos hombres en la barra, uno en cada punta, interesados en mantenerse desinteresados y en una de las mesas, al final del local un hombre sentado, fumando y mirando distraídamente una revista de telefonía móvil.

El anciano saluda con un ademán al camarero que lo ignora absolutamente, y se encamina hacia la mesa que ocupa el tipo al final del local.

-Cada vez me citas en sitios más lúgubres-dice el anciano, sentándose con un gesto cansino.

-La última vez no te quejaste mucho-contestó el tipo, bastante más joven que el anciano.

-Fue hace muchos años, un puticlub de carretera. Veo que tu gusto por la decadencia va en aumento, en aquel lugar al menos había gente. Sigue leyendo

Palabras en blanco y negro

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El tiempo como testigo mudo de la desolación de unos recuerdos ajados y añejos. Un atávico respirar que nos confunde entre trémulas sombras que aparecen y desaparecen entre el parpadeo de un instante.

Parajes en silencio, imágenes en blanco y negro como testimonio de nuestro cansino deambular por la cornisa del abismo y la mirada incesante ante una caída irremediable. Un reflejo de nuestro paso por el mundo con aires de desvencijada derrota. Sigue leyendo